En una propuesta escénica que combina ironía, riesgo y poesía visual, el mítico personaje creado por Carlo Collodi regresa a los escenarios madrileños con una mirada contemporánea. La compañía ítalo-holandesa Canti Vaganti presenta en los Teatros Luchana una versión que recupera el espíritu más crudo, cómico y a la vez inquietante del cuento original.
Lejos de la lectura edulcorada que popularizaron adaptaciones posteriores, este Pinocchio se sumerge en un universo delirante donde lo fantástico y lo grotesco se entrelazan. A través de un lenguaje escénico que mezcla teatro de objetos, sombras y una cuidada dramaturgia visual, el montaje construye un relato vibrante que interpela tanto a adultos como a jóvenes espectadores.
La historia sigue el recorrido iniciático de un ser distinto que, arrojado a una sociedad hostil y llena de trampas, se enfrenta a situaciones extremas. Pinocchio se equivoca, arriesga y desafía las normas; tropieza una y otra vez, pero siempre logra salir adelante. En ese proceso, marcado por encuentros con personajes excéntricos y a menudo perturbadores, el protagonista aprende —o cree aprender— a comportarse “como los demás”.
Sin embargo, la propuesta no se limita a narrar una sucesión de peripecias. Bajo su tono humorístico y su estética lúdica, late una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto es deseable la normalidad? ¿Qué se pierde cuando la diferencia se diluye en favor de la aceptación social? El espectáculo invita así a reflexionar sobre la identidad, la presión colectiva y el valor de la singularidad.
Uno de los elementos más destacados de la puesta en escena es la voz narradora de Alberto San Juan, que aporta cercanía y matices emocionales al relato, acompañada por Pilar Gómez. A ello se suma una banda sonora original que refuerza el carácter envolvente de la función, subrayando tanto los momentos cómicos como los más inquietantes.
El montaje está dirigido por David Ottone y José Luis Sixto, con adaptación de Kateleine van der Maas y el propio Sixto. Sobre el escenario, Bruno Gullo y van der Maas dan vida a los personajes a través de un trabajo interpretativo que combina cuerpo, objeto y manipulación de títeres, diseñados por Dorien van den Tol. La propuesta visual se completa con la escenografía de Eleni Chaidemenaki, el vestuario de Anna Tusell y la iluminación de Raúl Baena, creando un universo estético coherente y sugerente.
“Pinocchio, una historia delirante” se presenta así como una experiencia teatral rica en capas, donde el humor convive con la crítica social y la imaginación escénica. Un montaje que rescata la esencia incómoda del clásico para plantear, desde el juego y la emoción, una pregunta tan antigua como vigente: ¿es realmente necesario ser como los demás?
