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La Cenicienta vuelve a brillar en el Teatro Sanpol con una propuesta familiar llena de magia
5 de abril de 2026

La imagen de un teatro lleno siempre resulta reconfortante para quienes defienden el valor de las artes escénicas, pero adquiere un significado especial cuando coincide con periodos vacacionales como la Semana Santa, marcados por desplazamientos masivos y la habitual “diáspora” urbana. En ese contexto, lograr congregar a un público numeroso no solo es un éxito de convocatoria, sino también una muestra del interés que sigue despertando el teatro familiar. Es precisamente en ese escenario donde el Teatro Sanpol reafirma su papel como referente del género con el estreno de una nueva versión de La Cenicienta, a cargo de su compañía residente, La Bicicleta.

Este montaje se inscribe dentro de una línea de trabajo consolidada durante décadas: la creación y fidelización de público infantil y juvenil sin renunciar a la calidad artística. La propuesta se basa en la versión clásica de Charles Perrault, cuya interpretación —más luminosa y menos sombría— se distancia del tono más oscuro de la tradición germánica recogida por los hermanos Grimm. La historia, conocida universalmente como “el cuento del zapato de cristal”, vuelve así a los escenarios con una puesta al día que respeta su esencia y refuerza su carácter pedagógico y emocional.

No es la primera vez que La Bicicleta apuesta por este título. Ya en las Navidades de 2001 la compañía lo llevó a escena con notable éxito, consolidándolo como uno de los relatos más queridos por el público infantil. En esta nueva producción, el espectáculo se presenta como una propuesta musical cargada de imaginación, humor y dinamismo escénico. El elenco, formado por actores, bailarines y cantantes, construye un universo vivo y cercano en el que la bondad de Cenicienta contrasta con la ambición desmedida de su madrastra y la comicidad de sus hermanastras.

La narración sigue los elementos esenciales del cuento: una joven obligada a vivir entre cenizas, un hada madrina que encarna la esperanza y la justicia, y un príncipe decidido a encontrar a la dueña del enigmático zapatito de cristal. Sin embargo, más allá de la trama, el montaje pone el acento en valores como la resiliencia, la generosidad y la recompensa moral, elementos clave para conectar con el público más joven.

Con un elenco maravilloso, excelentes todos ellos, uno de los aspectos más destacados de la producción es la interpretación de Renée Fischtel en el papel de Cenicienta. Su trabajo logra dotar al personaje de una credibilidad notable, tanto en su faceta de joven marginada como en su transformación en princesa. Su doble vertiente interpretativa aporta profundidad emocional a una figura que, en otras versiones, puede quedar reducida a un arquetipo.

Con más de cuarenta años de trayectoria en el ámbito del teatro infantil y juvenil, La Bicicleta reafirma con este montaje su compromiso con la difusión de los grandes clásicos. La intención no es solo entretener a los más pequeños, sino también ofrecer a los adultos una oportunidad para redescubrir la riqueza simbólica de estas historias, que siguen vigentes por su capacidad de transmitir valores universales.

La obra está recomendada para niños a partir de cinco años, así como para familias y público escolar. Además de las funciones habituales de fin de semana, se han programado pases matinales dirigidos a centros educativos, lo que refuerza su dimensión pedagógica. La temporada se desarrollará durante todo el mes de abril en el Teatro Sanpol, consolidándose como una de las propuestas más destacadas de la cartelera madrileña.

El atractivo del montaje reside no solo en su propuesta narrativa, sino también en su cuidada factura técnica. La dirección general corre a cargo de Ana María Boudeguer, con una versión firmada por Julio Jaime Fischtel, Eduardo Galán y la propia Boudeguer. La música original de Jaume Carreras acompaña la acción escénica, mientras que el diseño de iluminación de Nicolás Fischtel y el espacio escénico de Juan de París contribuyen a crear una atmósfera envolvente. La coreografía, también a cargo de Renée Fischtel, añade dinamismo al conjunto, bajo la puesta en escena de Natalia Jara.

El reparto lo completan Cristina Ramírez en el doble papel de madrastra y hada, Esther Santaella como Clotilde, Ainhoa Morales en el papel de Aniceta, Víctor Benedé como el rey/padre y Rafa Ventura como el príncipe. La figuración está a cargo de Javier Pérez y Manuel Salvá, quienes también participan en tareas técnicas.

En el apartado técnico destacan nombres como Natasha Fischtel en producción, Jaime Garrido en iluminación y sonido, y Denitza Deneva en vestuario, utilería y muñecos. El trabajo escenográfico se realiza en el taller de Mladen Wladimirov, con apoyo del estudio de sonido Acústica Manzanárez. La propuesta se completa con una ficha didáctica elaborada por Cristina Ferreiro y una campaña escolar coordinada por Aday Suárez e Ignacio Ondaro. La fotografía, como en los últimos dieciocho años corre a cargo de un servidor, Emilio Tenorio.

En conjunto, esta nueva Cenicienta no solo recupera un clásico imprescindible, sino que lo hace con una mirada contemporánea y accesible, capaz de emocionar a distintas generaciones. Un espectáculo que confirma, una vez más, que la imaginación sigue siendo el sello distintivo de La Bicicleta y una de las claves de su éxito sostenido en el tiempo.

Emilio Tenorio