Seleccionar página
‘Un instante en suspensión’: cuando el espectador pasa de público a creador
15 de abril de 2026

El madrileño Parque del Retiro acoge estos días una propuesta artística que invita a detener el ritmo y replantear la manera en que percibimos el tiempo. El Real Teatro del Retiro, espacio vinculado a la programación familiar del Teatro Real, se convierte en el escenario de Un instante en suspensión, una experiencia definida por sus creadores como “inmersiva y multisensorial”, en la que confluyen arte, música y ciencia.

Detrás de esta iniciativa se encuentra Farout Artistic Research, un proyecto impulsado por los músicos navarros Beatriz Pomés e Igor Sáenz, junto al trompetista holandés Sef Hermans. La propuesta, dirigida a público familiar —especialmente a partir de los ocho años—, plantea un recorrido sensorial por distintos espacios del teatro, donde los asistentes no solo observan, sino que participan activamente en la construcción de la experiencia.

La obra nace de una inquietud concreta: cuestionar la forma contemporánea de vivir el tiempo. “Hoy en día todo sucede con rapidez y la atención es cada vez más fugaz”, explica Pomés. A partir de esta reflexión, el equipo creativo se preguntó si existen otras maneras de experimentar el tiempo, más pausadas y conscientes. De ahí surge el título del espectáculo, que alude a la posibilidad de capturar esos instantes que, aunque breves, tienen un impacto transformador en quien los vive.

Desde el pasado 11 de abril y hasta el domingo 18, el teatro acoge un total de 36 funciones. La programación incluye diez pases cada fin de semana —seis los sábados y cuatro los domingos—, además de sesiones matinales dirigidas a centros escolares, con cuatro representaciones diarias salvo los miércoles. Este formato permite que numerosos grupos de espectadores atraviesen una experiencia que se aleja del esquema tradicional de las artes escénicas.

A lo largo del recorrido, el público transita por diferentes escenas en las que se combinan música en directo, danza, artes visuales y elementos científicos. Un maestro de ceremonias —interpretado por Hermans— guía la experiencia, acompañado por una violinista, una violonchelista y una bailarina, que dan forma a un universo sensorial en constante transformación.

Uno de los aspectos más singulares del espectáculo es su carácter participativo. Los asistentes pueden interactuar con instrumentos, generar sonidos propios y formar parte de composiciones colectivas. En una de las escenas, inspirada en el término aborigen australiano tjukuritja —que alude a la idea de que toda huella humana deja un rastro en el tiempo—, el público tiene la oportunidad de registrar su propia “impronta sonora” mediante instrumentos de percusión. Este gesto simbólico refuerza la dimensión experiencial de la obra.

El recorrido culmina en una última estación basada en el concepto japonés yügen, que hace referencia a una belleza profunda y casi indescriptible, asociada a momentos que parecen suspenderse fuera del tiempo. En este punto, los participantes pueden escuchar las composiciones generadas durante la experiencia, cerrando así un ciclo creativo del que han sido protagonistas. En total, cada pase da lugar a una pieza única, lo que se traduce en 36 composiciones que posteriormente serán objeto de estudio por parte del colectivo artístico.

La investigación previa ha sido un elemento clave en el desarrollo del proyecto. El equipo ha recopilado términos procedentes de diversas culturas —desde el budismo y el hinduismo hasta lenguas como el japonés, el quechua, el latín medieval o las tradiciones aborígenes australianas—, todos ellos relacionados con distintas formas de concebir el tiempo. Este enfoque interdisciplinar, que combina lingüística, etimología y creación artística, busca ofrecer al espectador nuevas perspectivas para interpretar la realidad cotidiana.

Además, al inicio del recorrido, los asistentes reciben tarjetas que les permiten participar en una votación final. En ella deben elegir la frase o idea sobre el tiempo que más les haya resonado durante la experiencia. Estas respuestas, junto con las composiciones musicales generadas, forman parte del material de análisis del proyecto, reforzando su dimensión investigadora.

Tras las primeras funciones, la acogida ha sido especialmente positiva, en particular entre el público infantil. Según Pomés, los niños muestran una notable apertura hacia propuestas no convencionales, acercándose a la experiencia artística sin prejuicios y con una curiosidad que sorprende incluso a los docentes que los acompañan.

Con el cierre de esta primera etapa previsto para el próximo fin de semana, Farout Artistic Research ya contempla la posibilidad de llevar Un instante en suspensión a otros espacios singulares, con el objetivo de seguir explorando nuevas formas de relación entre el arte, el tiempo y el espectador.

Emilio Tenorio

Enviar a un amigo

Compartiendo:
‘Un instante en suspensión’: cuando el espectador pasa de público a creador